El timo/mito de Stonehenge

 


Cuando nos preguntan sobre grandes hitos de la arqueología, hay una serie de nombres recurrentes que se nos vienen enseguida a la cabeza desde el inconsciente colectivo. Como las pirámides de Egipto, la Gran Muralla china, o Stonehenge. Este último es el gran paradigma del megalitismo en el occidente europeo. El principal nombre y al que siempre se recurre al parlar de los misterios y logros de aquella antigua civilización. Aunque lo sorprendente es que nadie se haya dado cuenta. Ni siquiera los ojos expertos dudan de su autenticidad. Pero solo hay que mirar un dolmen, un menhir, un cromlech, y después girarse hacia Stonehenge. ¿No falla algo? ¿Acaso no ven un elemento que no cuadra? Cuando el título de esta emisión se refiere al timo y al mito, primero es al timo porque Stonehenge es el monumento que no debería estar ahí. No corresponde ni en el espacio ni el tiempo. Y a su vez es el mito precisamente por esa misma razón. Es la construcción que no debería estar ahí y, sin embargo, está. 


Buenas tardes, buenos días, buenas noches. Bienvenidos a El gato de Ugarit, un programa de Historia planteada desde la heterodoxia y la especulación. Misterios arqueológicos, imperios olvidados, viajeros intrépidos, singulares enclaves, intrigantes relatos. 


La palabra megalito proviene del griego y significa piedra grande. Construcciones a base de grandes piedras las hay por doquier. Las pirámides por ejemplo son edificaciones a base de grandes bloques. O el Partenón de Atenas. O Machu Picchu. Pero cuando nos refiramos a continuación a megalitismo, estaremos hablando en exclusiva de la civilización prehistórica del occidente europeo, que se extendía por toda la costa del Atlántico desde Dinamarca hasta el estrecho de Gibraltar, adentrándose por el Mediterráneo, en el norte de África y Malta, e incluso llegando con ejemplos tardíos a Siria, Palestina e Israel. Además que se caracterizaba por esa serie de monumentos originales a base de grandes piedras apenas labradas o talladas, como son los menhires, o los dólmenes.


Hasta hace relativamente poco se pensaba que estos megalitos como mucho tenían tres o cuatro mil años, y los habían erigido los celtas en sus cultos druídicos. Los franceses, que fueron los primeros en investigar estas cuestiones, les confirieron nombres procedentes del bretón puesto que eran especialmente numerosos en la Bretaña francesa. Como menhir, que significa “piedra larga”, o dolmen como la traducción de “mesa”. Del galés, con posterioridad, proviene cromlech como “piedra plana en curva”.


Pero en los años noventa del pasado siglo se descubrió en Villamartín, en la provincia de Cádiz en España, el famoso dolmen de Alberite, que, cuando fue datado por carbono-14 se obtuvo una fecha tan lejana como el 4200 AC. Esto supuso una revolución. En toda Europa, para no ser menos, se volvieron a estudiar los megalitos para ofrecer una nueva datación acorde. Y los resultados fueron concluyentes. Nada de celtas, sino una civilización muy anterior, que apodaremos como los megalíticos. En su momento, antes del descubrimiento de Alberite, se pensaba que estos hitos fueron erigidos a imitación de otros de oriente. Pero, esta nueva recolocación en el tiempo demostró que nada de imitación, sino que los productos artísticos de estas sociedades del occidente europeo eran completamente originales. Cierto que en Armenia, en torno al Cáucaso, en Asia Menor, hay algunas construcciones parecidas de hacia el 8000 o 9000 AC. Pero fueron abandonadas y posteriormente no se hizo nada similar durante milenios. Por lo tanto, las construcciones del occidente europeo son singulares y originales. 


Como he dicho, a partir del descubrimiento del dolmen de Alberite, hubo una carrera por analizar de nuevo los grandes monumentos. Y al poco esta carrera se volvió una obsesión por demostrar de dónde procedían las construcciones más antiguas. No exentos de cierto chovinismo, los arqueólogos en esta guerra de cronologías publicaban artículos y tesis señalando que el origen del imperio megalítico estaba en cual o tal sitio, retrasando a menudo de manera falsa la fecha de erección de tal o cual hito. Hoy en día hay cuatro emplazamientos que principalmente se disputan ese honor de ser los primeros: Andalucía, el centro de Portugal, la Bretaña francesa, e Irlanda. 


Curiosamente, no lo hace Inglaterra. La isla de Gran Bretaña es más bien pobre en este sentido, con pocos monumentos y construidos de manera tardía entre el 3000 y el 2000 AC. Sin embargo, una razón para no competir es porque les tocó el gordo. Nos estamos refiriendo a Stonehenge, por supuesto. Da igual si en Inglaterra hay pocos monumentos, y son tardíos, de apenas del tiempo de las pirámides, en torno al 2400 AC. Ellos tienen Stonehenge. Y hasta la saciedad lo han sabido vender y publicitar.
En ocasiones me da coraje el tratamiento que se le da a cualquier construcción megalítica en referencia a Stonehenge. Los periodistas suelen pecar de excesiva ignorancia cuando comparan Guadalperal en Extremadura, al menos mil años más antiguo, como el Stonehenge de Extremadura. O el cromlech de los Almendros en Évora, entre diez y quince siglos más viejo, como el Stonehenge portugués. Incluso hace poco se descubrió en la provincia de Málaga un dolmen de unos trece metros de longitud, y lo denominaron el Stonehenge español. Nada más y nada menos que un dolmen, que es lo más distinto que hay con respecto a Stonehenge. 


Pero, incluso, observando el monumento de Guadalperal, que al estar al lado de un embalse solo se puede visitar en época de sequía, ¿acaso nadie ve que hay una diferencia clave y fundamental entre esta obra y Stonehenge? Guadalperal es una colección de menhires, de grandes piedras alargadas dispuestas de manera vertical. Hacedme el favor, mirad Stonehenge. ¿No ven lo que falla, en lo que se distinguen? Efectivamente, en Stonehenge no hay menhires, o al menos en el perímetro no hay menhires como piedras verticales que no sostienen nada encima, sino un círculo de pilares que sostienen piedras horizontales que van de pilar a pilar en su parte superior.


A día de hoy la convención es que probablemente los primeros monumentos megalíticos provengan de en torno al 5000 AC. Aunque no se ha encontrado ninguna construcción con tal datación. Probablemente, en un principio se erigieron menhires, como piedras largas dispuestas de pie sin sostener nada arriba. La agregación de menhires dio lugar a los alineamientos como los de Carnac, o a los cromlech dispuestos en círculos. Con posterioridad se empezaron a construir dólmenes, como cámaras de grandes lajas de piedra verticales llamadas ortostatos en el perímetro, que sostenían cobijas horizontales a manera de cierre y cubierta. Esta cámara posteriormente era enterrada bajo un túmulo, con una entrada hacia el exterior, otorgando la apariencia de cueva o útero que se adentraba en la madre tierra. 


En cuanto a Stonehenge se erigió en varias fases, y la llamativa, la bonita, la de las piedras azules, la que todos recordamos, se fecha hacia el 2400 AC. Como podemos ver, desde los primeros megalitos hasta su erección pasaron unos dos mil quinientos años y, en todo ese tiempo, en las decenas de miles de construcciones por todo el occidente europeo y en el Mediterráneo, no hay un solo pilar. En el dolmen de Alberite, las piedras verticales en el interior del dolmen no son pilares, sino que sirven para compartimentar el espacio. En el dolmen de Menga en Antequera, igualmente las piezas verticales en el centro de la cámara no llegan a tocar el techo, no son pilares para sostener la techumbre, sino más bien menhires dentro del propio dolmen para marcar el emplazamiento de puntos de energía. En Inglaterra mismamente, el cromlech de Avebury, considerado uno de los más grandes, son todo menhires, y ninguno de ellos sostiene nada en su parte superior. Y, de repente, de la noche a la mañana, aparece Stonehenge con una figuración completamente distinta a todo lo anterior de pilares que sostienen dinteles. 


En definitiva, ¿no ven el problema? Stonehenge lo único que tiene en común con los monumentos de la civilización megalítica es que está erigido a base de grandes bloques. Pero lo mismo ocurre con las pirámides, con el Partenón de Atenas, con Machu Pichu. 


Empiezo diciendo que no debería ser considerado un cromlech. Hay miles de ejemplos de cromlech, en el Pirineo, en Inglaterra, en Portugal, en el norte de Europa, las piedras del diablo en Aroche en la provincia de Huelva, y todos coinciden en que son colecciones de piedras dispuestas de manera más o menos vertical en círculo sin sostener nada encima. Stonehenge, por contra, es algo distinto. Debería recibir otro nombre, como círculo adintelado.


Segundo. En la civilización megalítica cualquier monumento que se erigía era construido para ser imitado. Los canteros iban de un sitio para otro y reproducían allá donde marchaban el tipo de construcciones que habían aprendido a levantar, por supuesto con variaciones, adaptándola al sitio, sin embargo manteniendo la estructura elemental. Pero Stonehenge no tiene parangón. No hay nada parecido, ni antes, ni después. 


Tercero. Hay que tener en cuenta cómo se construían los megalitos. De manera somera exponer que, primero, se buscaba una cantera de piedra, se tallaba la pieza, se le daba forma. A continuación se la llevaba arrastrándola hacia el sitio donde se fuera a colocar. A este respecto, hay varias hipótesis. Se especula que si sobre rodillos, o directamente dispuesta sobre un gran trineo de madera que cientos de personas arrastraban con fuerza. Una vez en el emplazamiento se cavaba un agujero o una zanja con una pendiente tal que al deslizar la pieza sobre ella, esta misma por su propio peso se colocaba de manera vertical. En los dólmenes, como la construcción más compleja, primero se cavaba la zanja en el perímetro, posteriormente se emplazaban los ortostatos verticales en esta zanja, y finalmente se situaba la cobija horizontal de cubierta. Pero, a ver, ¿cómo se colocaba esta cobija? Pues, del mismo modo, arrastrándola. En torno a los ortostatos por fuera se montaba un terraplén de tierra con una pendiente suave por la cual se arrastraba la cobija hasta colocarla en su emplazamiento definitivo.


En resumen, la técnica básica era arrastrar y colocar. Y, entonces, la pregunta en Stonehenge es: ¿cómo consiguieron elevar las piedras horizontales hasta situarlas por encima de los pilares verticales? En dos mil quinientos años no se hizo nada parecido. No había grúas. Como he dicho, la técnica era el arrastre. La única opción es que, una vez colocados los pilares verticales, enterraran todo el conjunto, y una vez compuesto el terraplén subieran los bloques horizontales para situarlos en su sitio.  


Pero, con respecto a esta posibilidad, hay algo que falla. Stonehenge, como he dicho, se construyó en varias fases. La primera de ellas consistió en movimientos de tierras para consolidar lo que se denomina un henge, un círculo de tierra periférico. Si hubieran enterrado todo el conjunto, y posteriormente hubieran retirado la tierra, se habrían cargado ese cinturón y hubieran tenido que rehacerlo. Y, sin embargo, su datación es anterior a la colocación de los grandes pilares. No puede ser.


Aparte, en cuarto lugar, está el hecho de las fuentes escritas. Los romanos en Hispania relataron en sus crónicas descripciones de algunos de los monumentos que encontraron. Como el dolmen de Menga en Antequera. De hecho, Antequera significa la ciudad de los antiguos que es así como la denominaron. Pero en Britania no nay rastro alguno de mención a Stonehenge. Se explayaron describiendo rituales druídicos, templos de los druidas, etc., mas ningún comentario sobre una construcción tan llamativa como aquella. Para encontrar una fuente escrita con mención a Stonehenge, hemos de remitirnos en torno al año 1200 a una crónica inglesa medieval de Geoffrey de Monmouth. 


Entonces, una vez expuestas estas consideraciones, ¿cuál es mi hipótesis? Decir que respecto al cromlech de Avebury, que es el más cercano, y el inmediatamente anterior en el tiempo, apenas erigido uno o dos siglos atrás, Stonehenge supone un salto tecnológico de miles de años. Y a lo mejor eso es lo que tenemos que hacer, remitirnos a miles de años en el futuro. La posibilidad de que Stonehenge sea una construcción medieval. De la Alta Edad Media, de la edad oscura de Gran Bretaña, cuando los romanos se marcharon de la isla. Es decir, de los tiempos artúricos. Habría una mezcla de elementos paganos con cristianos que sería lo que desembocase en la erección de un monumento como Stonehenge. Y, como habían heredado de los romanos algunas innovaciones tecnológicas como las grúas, pudieron hacerlo. 


Por supuesto, esta teoría falla en los restos arqueológicos encontrados en la excavaciones. El carbono 14 nos indica que el estrato donde se sustentan las piedras azules presenta restos orgánicos datados del 2400 AC. 


No obstante, esto podría tener fácil explicación. Al construir su templo en la Edad Media, los canteros lo localizaron en la posición de uno anterior, reemplazando un monumento que ya existía y, al clavar los pilares verticales, cavaron hasta el estrato de 2400 AC.


Pero, acercándome a la conclusión, admitir que quizás me estoy pasando de listo. Posiblemente sean las ganas, la animadversión hacia tanto periodista mentecato que relaciona Stonehenge con cualquier cosa, lo que me hace desear que sea una construcción medieval. 


Admitiendo que pueda ser del 2400 AC, el timo de Stonehenge es considerar que sea megalítico. En el sentido de que no pertenecería a la civilización megalítica. Ni el diseño, ni el contexto, ni la técnica constructiva, concuerdan. Y el mito estaría en preguntarse entonces quién lo construyó.


Como posibilidad, si se levantó hacia el 2400 AC, contemporáneo a las pirámides, es mucho más plausible que fueran alarifes egipcios los que se desplazaran hasta Gran Bretaña en busca de metales los que edificaron aquello. Aunque está la cuestión de que a los egipcios no les gustaba salir del Nilo hacia mar abierto. Es más viable pensar en otro tipo de navegantes. Por ejemplo, procedentes del Egeo, los antecesores de los futuros minoicos en Creta. 


Esta es la teoría con la que me quedo, fueron navegantes del Egeo. Porque hay otra hipótesis que es la de las invasiones. 2400 AC coincide con una serie de cambios trascendentales en el occidente europeo. El viejo mundo en unas pocas décadas y siglos sería completamente reemplazado por otro. La razón, las invasiones de los pueblos del este, en concreto de los jinetes de las estepas, conocidos como kurgan, yamnaya, o indoeuropeos. Precisamente en esta época alcanzaron la península Ibérica y, seguramente, ya llevaran algún tiempo en las islas británicas. 


Ahora bien, estos pueblos indoeuropeos, a pesar de innovaciones como la domesticación del caballo o el carro de combate, no creo que tuvieran tecnología suficiente para levantar a pulso una serie de piedras de varias toneladas de peso. 


Por lo tanto, el enigma sigue cerniéndose sobre Stonehenge. Tengo claro que no es megalítico. Pero, en ese caso, ¿quién lo levantó? ¿Construcción medieval? ¿Navegantes del Egeo?


Sin solucionar el dilema, pero planteando nuevas preguntas, llegamos al término de esta emisión. Esperando que les haya resultado de interés, nos despedimos aquí en el gato de Ugarit. Buenas tardes, buenos días, buenas noches. Y, recuerden: no son más que especulaciones. 

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