Las edades oscuras


    
     Las civilizaciones nacen, se desarrollan, presentan una decadencia. Y cuando se desmoronan suceden las edades oscuras. No es que no se viva, que la luz del sol no alumbre, no ilumine, que todo se vea, como ocurre en las películas, con un filtro de color ceniciento. Solo que son etapas inevitables en la historia humana. Es algo a lo que nos deberemos enfrentar cuando nuestra sociedad se hunda, tal como ya ha ocurrido, en múltiples ocasiones, en el pasado.

Buenas tardes, buenos días, buenas noches. Bienvenidos a “El gato de Ugarit”, un programa dedicado a la especulación y al misterio. Enigmas históricos, y prehistóricos, lugares mágicos, otros mundos, otras realidades.

La Edad Oscura por antonomasia, aquella de la que los historiadores hablan por precisamente porque se la llama así, Edad Oscura, fue la que tuvo lugar en los siglos precedentes a la Grecia clásica. La civilización micénica de los aqueos se hundió en el curso de unos pocos años, y durante siglos el ámbito del Egeo se cubrió bajo un cierto velo de ignorancia en el que, por olvidarse, las gentes se olvidaron hasta de cómo escribir. Por eso lo de oscuridad. Porque se regresó a la Prehistoria. Porque no nos quedan testimonios escritos de lo que sucedió en ese lapso, entre el 1200 a.C. hasta el siglo VIII a.C. cuando se calcula que Homero compuso la Ilíada y la Odisea.

Aunque, como vamos a ver, no es necesaria la desaparición de la escritura para que haya oscuridad.

Antes de la citada Edad Oscura hubo una etapa de esplendor. Se trataba de un mundo organizado y jerárquico. Había reyes en la cúspide que administraban y regían las sociedades de las que eran líderes apoyándose de una casta de funcionarios y subalternos. En segundo lugar, era un mundo especializado. Si bien la mayoría de la población se componía campesina, fuera del campo encontramos una gran diversidad de funciones específicas ejercidas por otras tantas profesiones. El guerrero se dedicaba a la guerra, el marinero a la mar, el juez a impartir justicia, el escriba a anotar cantidades y sucesos, el mago a sus artes esotéricas, el artista a esculpir y a pintar, el músico a interpretar, el artesano a crear objetos, el comerciante a mercadear, etc. Era, en tercer lugar, un mundo interconectado. Los micénicos en Grecia enviaban barcos a Creta, a Ugarit en el Levante Mediterráneo, a la costa de Turquía, a la Cólquide en el mar Negro, a Egipto, con el fin de intercambiar mercancías. Los egipcios a su vez organizaban expediciones al misterioso país de Punt, y así sucesivamente.

De repente, hacia el 1200 a.C., o, si tenemos que hacer caso al historiador Eric H. Cline, en el 1177 a.C., todo este equilibrio se vino abajo. Normalmente se le echa la culpa a los pueblos del Mar. Nadie exactamente sabe de donde venían, a dónde iban. Solo se elucubra que fueron una confederación de hordas hambrientas formadas por guerreros que llevaban a sus familias detrás, en busca de un nuevo lugar en el que asentarse mientras saqueaban lo que iban hallando entre medias. ¿De qué huían? No se sabe. Quedan pocos testimonios escritos. Uno de estos el relato de la gran batalla que Ramsés III tuvo que lidiar con el fin de expulsarlos y de evitar que destruyeran Egipto. La cuestión es que antes ya habían arrasado civilizaciones tan poderosas y prósperas como la micénica en Grecia, la hitita en Anatolia, o ciudades tan pujantes como Ugarit en la actual Siria.

En cualquier caso, con la irrupción de los pueblos del Mar se acabó lo de ser un mundo organizado. Lo que proliferó fue un caos de pequeñas tribus que pululaban en busca de un nuevo hogar. Se terminó igualmente lo de ser un mundo especializado. Con el hambre y la destrucción ya no había ocasión o necesidad de escribir, o de hacer arte, la sociedad se simplificó hacia las tareas fundamentales consistentes en buscar comida, rezar a los dioses, y protegerse. Y se acabó lo de ser un mundo interconectado. El comercio se detuvo de manera tajante en el Mediterráneo oriental y cada pueblo se aisló en su territorio.

Entonces, recapitulando. Las sociedades previas eran organizadas, especializadas e interconectadas. Frente a esta situación, las edades oscuras se caracterizan por la falta de un Estado organizado, cada pueblo busca su destino dentro del caos; por la simplificación hacia las tareas básicas, y por el aislamiento. Entonces, no es que las edades oscuras se reconozcan por la falta de escritura, sino que la desaparición de la escritura, o la degradación de la cultura, de las artes, de la ciencia, y de las profesiones en general, es una consecuencia de la desorganización, la simplificación y el aislamiento.

Por ejemplo, el hundimiento del Imperio Romano de Occidente puede comprenderse como el inicio de una edad oscura que duró hasta el resurgir de las ciudades en los siglos XI y XII. Cierto que se conservó la escritura en los monasterios. Pero, expongamos. El imperio se hunde, la organización se reduce a pequeños reinos donde los reyes no detentan el poder absoluto, sino que deben pactar con sus nobles para llevar a cabo sus propósitos. Segundo, se produce una simplificación de la sociedad hacia tres funciones básicas: el cultivo de la tierra, la guerra, y la oración. Por lo que aparecerán los estamentos del campesinado, la nobleza y el clero. La burguesía urbana y las profesiones liberales tardarán del orden de varios cientos de años en volver a resurgir. Así como el comercio cae a niveles ínfimos. No desaparece del todo, pero, de nuevo, tardará en revitalizarse y llegar a su nivel de antaño un puñado de siglos. Como consecuencia de estas tres circunstancias se produjo un enorme retroceso, tanto en lo cultural, en lo científico, como en lo técnico. Por mucho que los monjes copiaran libros en los scriptorium, la gran mayoría de los textos de la antigüedad se han perdido. Se olvidaron conocimientos tecnológicos que tardarían siglos en ser redescubiertos, y se cayó bajo la más profunda superstición protagonizada por la religión.

Aunque durante la oscuridad no solo tiene lugar la simplificación y el retroceso, sino también la transformación. La vida no se detiene, no se paraliza, sino que algo ocurre durante ese lapso que hace que las sociedades resultantes sean diferentes de las que las antecedieron. La Grecia clásica tras la Edad Oscura desarrolló la lógica, la filosofía y la democracia. Las naciones europeas salieron de la Edad Media con un afán de exploración y conocimiento que las llevó a conquistar el mundo entero y no solo a ceñirse al ámbito mediterráneo. Se puede decir entonces que las profesiones se simplifican, que la tecnología retrocede, pero que las ideas persisten, al menos oralmente, dando lugar a una evolución del espíritu en un paso hacia delante.

Por ejemplo, como reflexión para el día de hoy, cavilar sobre las edades oscuras que hemos sufrido. El mundo occidental en tres mil años ha padecido dos. Nuestra Alta Edad Media, y los siglos precedentes a la Grecia clásica. Si tenemos en cuenta que para que haya edad oscura tiene que haber una civilización asentada en un territorio, y para ello se debe dar organización, especialización del trabajo e interconexión, no fue hasta hace unos doce mil años, cuando empezamos a cultivar alimentos, a construir poblados y jerarquías, y no solamente a recolectar y a perseguir animales, cuando pudieron darse estos periodos. Por lo que, por una simple regla de tres, en unos doce mil años nos salen unas ocho edades oscuras cuanto menos. Quizás estoy exagerando, pero lo que quiero hacer entender es que seguramente la humanidad haya pasado por más de una edad oscura de la que ni siquiera hayamos oído hablar.

Por ejemplo, en la Península Ibérica. Las modernas investigaciones nos indican que hace cinco mil años, en el 3000 a.C., en el final del Neolítico y principios de calcolítico, cuando todavía empleábamos herramientas de piedra pulida, pero ya confeccionábamos amuletos y adornos de oro, plata y cobre, contábamos con núcleos de población de enorme extensión. Por ejemplo, Los Millares, en Almería. También en Valencina de la Concepción, en el Aljarafe sevillano, se ha hallado un asentamiento de cerca de cuatrocientas hectáreas de extensión. Hay que tener en cuenta que Uruk, la ciudad más grande del mundo en esa época, tenía seiscientas, por lo que no está nada mal. En Jaén, en el yacimiento de Marroquíes Bajos, se ha reconocido otro asentamiento de unas doscientas hectáreas con una organización espectacular basada en círculos concéntricos. O qué decir de Antequera y los grandes dólmenes. O de los núcleos de la península de Lisboa, como el castro de Zambujal, con fortificaciones construidas en piedra con muros de kilómetros de largo que protegían a los pobladores de los atacantes que pudieran subir por las rías.

Pues bien, hacia el 2400-2300 a.C. todos estos núcleos sufrieron episodios de decadencia. Los Millares fue directamente abandonado. Valencina persistió pero con niveles inferiores de ocupación. Los análisis genéticos nos hablan de un cambio drástico. La práctica totalidad de la población masculina, al parecer la femenina se conservó, fue reemplazada por otra proveniente de las estepas de Ucrania al norte del mar Negro. ¿Qué sucedió? No se sabe con seguridad puesto que apenas se han conservado restos de hecatombes o batallas. Un misterio.

En todo caso, tuvo lugar una edad oscura, de las que emergieron sociedades diferentes. Ya no asentamientos de enorme extensión, sino poblados de menor tamaño pero fortificados en la cima de cerros para defenderse. Así como se generalizaron los metales en forma de aleaciones. De cobre arsenical primero, y de bronce después. De esta época hemos de hablar de El Argar en el sudeste peninsular, la cultura de las motillas en Castilla la Mancha, otras de Andalucía occidental, o la del bronce levantino en la zona de Alicante. Pero hacia el 1400 o 1300 a.C., posiblemente por una sucesión de vaivenes climáticos y malas cosechas, se desplomaron. Lo que vino a continuación fue otra edad oscura que duraría otros varios cientos de años hasta la llegada de los fenicios y la aparición de la deslumbrante Tartessos.

Aunque, se me ocurre, una conjetura, que la fecha del 1300 a.C. se encuentra no muy lejos de aquella del 1200 a.C. en la que se produjo la debacle de la Grecia micénica y preclásica. ¿Y si los pueblos en mar, en parte, provinieron de la Península Ibérica huyendo de esa serie de catástrofes ambientales?

No son más que especulaciones, que es prácticamente lo poco que podemos hacer acerca de las edades oscuras. Pero sí que es posible aprender alguna que otra lección. Por ejemplo, es muy complicado que una civilización dure más de dos mil años de manera continuada sin caer en una edad oscura. La historia humana no se caracteriza por la continuidad, sino por los altibajos. Aunque no quiero caer en la simplificación de Oswald Spengler acerca de un comportamiento cíclico. Es cierto que las civilizaciones desaparecen. Pero no el ser humano ni los pueblos. Estos siguen adelante, adoptando quizás otra identidad, otra ideología, otra cultura, más evolucionando, o más bien sumando rasgos. Como he dicho, quizás perdamos tecnología y conocimientos, pero el espíritu evoluciona. Conservamos elementos de los celtas, de los íberos, incluso de los que construyeron los dólmenes en el Neolítico. Y a la vez detentamos nuestro propio pensamiento, no vemos el mundo como lo hacían ellos.

Es cierto que no sabemos cómo se construyeron las pirámides de Egipto o la esfinge. Supuestamente se levantaron hacia el 2500 a.C. Hay quien aleja la fecha varios milenios. Lo que sí sabemos es que, tras ser construidos, nadie pudo reproducir posteriormente el resultado. Tuvo que haber una crisis, una edad oscura, y un retroceso de la tecnología en consecuencia.

Sin embargo, lo que sí está claro es que, aún de conocer cómo lo hicieron, y de poder reproducirlo, ya no construiríamos una pirámide para un faraón. A eso me refiero con la evolución del espíritu. Nadie querría hoy en día en su sano juicio erigir un enorme montículo de piedra para el beneplácito del alma de un solo señor.

Y desde luego no construiríamos templos como los de Gobekli Tepe en Turquía, erigidos entre hace diez y doce mil años. Por eso son tan misteriosos, porque no somos capaces de comprender para qué los hicieron. Sus constructores pertenecían a un mundo espiritualmente más simple. Cuidado, no me refiero que no esgrimiesen una religiosidad profunda, solo que más simple, con un culto primigenio de enunciados sencillos. Hay estudiosos y especuladores, como Graham Hancock, que señalan que Gobekli Tepe es la expresión de una edad oscura. Se da la coincidencia de que cuanto más moderno es un templo, más reciente es, y con reciente me refiero a diez milenios de antigüedad en vez de doce, peor construido está, como si los arquitectos hubieran ido olvidando la técnica. Este hecho hace suponer lo que ya he comentado, que los templos de Gobekli Tepe no se construyeron en una época de esplendor de un imperio, sino en una edad oscura de decadencia. Hubo una gran civilización anterior que duró decenas de miles de años, prácticamente desde la edad de hielo, y que tras un gran cataclismo, que suele reconocerse en el diluvio universal, desapareció con unos pocos supervivientes que se trasladaron a Gobekli Tepe para construir monumentos tal como se hacían antaño.

Ante esto opongo lo que ya he comentado. La historia no se desarrolla de manera continua, sino con altibajos. No hay civilización que dure más de dos o tres mil años, así como tampoco hay edad oscura que persista durante tanto tiempo. Los templos de Gobekli Tepe se construyeron en un periodo de unos dos milenios. Los primeros se comprueban más avanzados que los últimos. Entonces, hay un planteamiento que concibo más plausible que pensar que hubo una brillante civilización pretérita que sufrió una decadencia tan larga. Consiste en la pérdida del sentido. No es que la sociedad retroceda o involucione, sino que el pensamiento evoluciona y cada vez alberga menos sentido seguir construyendo templos como los primeros. Por lo tanto, se erigen con peores medios, menos mano de obra, peores materiales, etc. Una pregunta aún más enigmática que por qué razón construyeron esos templos es por qué dejaron de hacerlo.

Aunque nos estamos metiendo ya en demasiadas especulaciones y demasiados puntos por aclarar. De momento nos quedamos con el concepto de edad oscura, como periodo de retroceso en lo técnico y social, sin embargo de avance de la complejidad del pensamiento y de las ideas. Por el momento, paramos aquí en El Gato de Ugarit, cerramos sesión, con la sensación de que queda mucho por investigar, que solo estamos rascando la superficie, aunque sea a base de elucubraciones. Esperando que el programa de hoy les haya resultado de interés, nos despedimos. Buenas tardes, buenos días, buenas noches. Y, recuerden: no son más que especulaciones.


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