La intuición


 
        Los turistas deambulan despreocupados por la ciudad portuaria. Se sienten aventureros. Se meten por callejones, exploran los rincones y recovecos. Pero, de repente, en la boca de una callejuela, uno de ellos avisa: “Por aquí no”. El resto lo mira sorprendido. “¿Por qué por ahí no? Ya hemos ido por sitios parecidos”. Mas el susodicho no recula. Por ahí no. Solo es un pálpito, una intuición. Pero por ahí no. Algunos lo miran extrañados como a un loco. Mas, de repente, al fondo del callejón, ven a un tipo malencarado salir de su escondrijo como si los hubiera estado aguardando. Ahora sí, todos convienen: “Por ahí no”.
        Buenas tardes, buenos días, buenas noches. Bienvenidos a “El gato de Ugarit”, un programa dedicado a la especulación y al misterio. Arqueología insólita, enigmas históricos, y prehistóricos, otros mundos, otras realidades. En esta segunda edición vamos a adentrarnos en el concepto de la intuición, que puede contar con una definición práctica y pragmática, como vamos a ver, pero también con otra esotérica y mística.
        De momento, empezamos por lo práctico y lógico.
        De pequeño en los ochenta no había mucho que ver en la tele. No había las posibilidades que hay hoy en día, y los niños veíamos lo que los mayores si nos encontrábamos en el mismo espacio que ellos. Telenovelas como Caballo Viejo o Cristal, series bélicas como MASH, o policíacas como Canción triste de Hill Street. De vez en cuando mi madre lanzaba vaticinios: “Va a ocurrir esto”. Y cuando acertaba la miraba con ojos abiertos y con admiración decía: “¿Cómo lo sabes?” Ella se encogía de hombros. Lo que yo no podía entender por entonces era que una mayor experiencia de la vida, así como haber visto muchos argumentos que tienden a repetirse, permite anteceder hasta cierto punto el futuro.
        Ya de mayor, comencé a imitarla con las series de misterio. Adivinaba quien era el asesino antes de la resolución final. A veces nada más aparecer el personaje en escena. “Ese va a ser”. En ocasiones me equivocaba, pero resultaba sorprendente el porcentaje que no lo hacía. “¿Y cómo lo sabes?”. Porque en este caso no había tramas manidas y argumentos que se repiten, sino personajes que aparecen. Pero había algo, un no sé qué, quizás la manera de interpretar del actor como si tuviera la culpabilidad dibujada en el rostro. O detalles como el ambiente, el tipo de conversación, la manera de interaccionar. En definitiva, ciertas claves que más allá del argumento en sí, de lo que sucede en la escena, permitían entrever el dictamen.
        No me ha sucedido únicamente con las series de televisión, sino en muchas facetas de la vida. Puedo anteceder lo que va a ocurrir con determinada persona si me cito con ella, nada más por la entonación de la voz, los gestos con las manos, las expresiones del rostro, incluso por la manera de escribir los correos electrónicos o el WhatsApp. Alguien podría decir que voy a esas citas con profecías autocumplidas. Como me he hecho una cierta idea de lo que puede suceder, eso ocurre. No obstante, en la mayoría de casos no es cuestión de lo que yo voy a hacer, sino de lo que la otra persona planea efectuar.
        A esto es lo que en principio llamo intuición. Es predecir los acontecimientos no por lo que las personas dicen o hacen de manera digamos oficial, o por delante, sino por detalles menores en principio intrascendentes. 
        Haciendo un símil informático, es como el big data y el análisis de datos. El Big data es el almacenamiento ingente de información de todo tipo. El análisis de datos es el tratamiento de estos datos con su clasificación y categorización, relacionándolos entre sí con el fin de proponer predicciones. Por lo común, cuanto más tipos de datos tenemos en cuenta, y a veces sin aparente relación entre sí o con el tema, más precisa y certera es la predicción.
        Pues la intuición es algo similar a esto. El cerebro opera con la experiencia, también con la creatividad y la imaginación, y con la infinidad de sensaciones que recibe, y alcanza conclusiones que, en principio, no son evidentes.
Frente a esto, paso a exponer otro caso.
        Voy con un familiar por la calle cuando nos encontramos a un anciano que conocemos. Hace mucho tiempo que no lo vemos, tanto que por mi parte no lo reconozcoí. Pero mi familiar se pone a hablar con él. Tiene sus achaques, sus dolores, mas no parece estar mal. En un momento dado mi familiar le posa la mano en el brazo y le dice: “Me alegro de verte”. Nos despedimos, nos alejamos. No comentamos nada, pero a los pocos días nos enteramos de que ese hombre ha muerto, y mi familiar me confiesa de que durante nuestro anterior encuentro tuvo la sensación de que era la última vez que lo iba a ver.
        En principio, esto podría diferir del concepto de intuición que he ofrecido. La intuición, tal como la he descrito, es sabiduría. Hemos acumulado experiencias y conocimientos, y el cerebro hace una predicción a partir de la misma. Pero, en este ejemplo, parece haber información no presente anteriormente. ¿Cómo saber que una persona va a morir en breve? Alguien podría decir que cuando coincides con alguien mayor al que no ves habitualmente, hay razones para pensar que quizás esa sea la última vez que lo vayas a contemplar. Bueno, no hace falta ser tan cínico. Las personas mayores son ancianas durante varias décadas, y no por ver a un viejo has de pensar que vaya a fallecer en breve.
        Aunque, quizás algo de verdad haya en esto de ponerte en lo peor. Porque la intuición actúa con trampa. En el sentido de que no hace una, sino varias predicciones. Al menos, cuando se emplea la intuición, hay dos predicciones. La primera es la evidente. Los sucesos van a ocurrir tal como se prevén por lo que se observa a primera vista. El típico “Todo va a salir bien”. Y la segunda es la no tan evidente, al fijarse en circunstancias paralelas o aledañas en principio no tan relevantes para el fluir de la escena. Es el efecto mariposa, la sensibilidad a las condiciones iniciales. Una mínima variación puede resultar en consecuencias completamente fuera de escala. Y, por eso mismo, porque a veces lo que se percibe no solo es factible que desemboque en un desenlace en concreto, sino en varios posibles, la intuición crea múltiples predicciones. 
        A veces son tantas, que solo se reconoce cuál es la acertada cuando ya ha tenido lugar el suceso. A quién no le ha ocurrido eso de “Fíjate. Si se veía venir. Si yo ya te lo decía. ¿Te lo dije o no te lo dije?” Pero, claro, es que se expresaron tantas cosas que en cual fijarte. 
Entonces, es plausible discernir que mi familiar vio algo en el estado de salud de aquel anciano que yo no percibí, sobre que no estaba tan bien como aparentaba. Y entre las predicciones surgió la de “Es la última vez que lo voy a ver”.
        Mas ahora vienen los casos peliagudos. El primero es el que he descrito al comienzo del programa. Unos turistas pasean por el casco histórico de una ciudad. De repente, uno de ellos se encabezona en no pasar por determinado sitio. Y al parecer hay razones fundadas para no hacerlo. Este testimonio me lo contó un sujeto con el que ya no tengo contacto, antes de iniciarme en esto del misterio, por lo que no pude indagar más en el asunto ni puedo corroborar los hechos. Imaginando que lo admitiéramos, la apariencia nos indica que ya no es solo sabiduría, conocimiento acogido de antemano, saber observar y predecir, sino datos que nos llegan de una fuente imprecisa. Más bien, hechos que es imposible que conozcamos desde nuestra posición de observador. Algo que no podríamos haber imaginado de ningún modo como que había alguien escondido.  
        O qué decir ya del siguiente testimonio, protagonizado por una buena amiga del programa, de la que no será la única vez que hablemos. La apodaré como doña Doble A.
        Pues bien, nuestra amiga doña Doble A viaja en coche por una carretera de copiloto. De madrugada, su marido conduce. Este maneja rápido, agitado, con ganas de llegar a casa cuanto antes y descansar. Nuestra amiga doña Doble A se preocupa, le dice que se calme y frene un poco. Su marido hace caso omiso y esta comienza a describir. Alguien tumbado en la carretera, cerca de la cuneta, un señor mayor, calvo, con un ciclomotor a un lado caído. El marido de Doble A responde que no diga tonterías pero al frente comienzan a verse luces parpadeantes. Es la Guardia Civil. Es la primera en llegar al suceso, no lo han hecho todavía las ambulancias. Nuestros protagonistas deceleran y, al pasar a su lado, lo hacen en el momento justo en el que los agentes cubren el cuerpo con una manta reflectante. Y la escena es tal como la ha narrado doña Doble A. El señor mayor, calvo, con el ciclomotor caído a su vera.
        Tengo que señalar que doña Doble A es sensitiva, hasta un nivel que no soy capaz de imaginar ni comprender. No es este el único ejemplo de su don del que me ha hecho partícipe. En este caso, además, hay un testigo, su marido. 
        Según doña Doble A la intuición, tal como la he descrito, no es intuición, sino sabiduría, experiencia. La intuición, la verdadera, es algo que se siente, se vive, se percibe sin necesidad de contacto con el hecho que se está prediciendo.
        Aparentemente, este modo de entender la intuición es lo que podemos comprender como premonición. Pero hay una diferencia fundamental.
        La premonición se basa en predecir hechos que aún no han tenido lugar. La intuición, en cambio, es predecir pero basándose sobre circunstancias que ya están ahí. Hay alguien escondido en el callejón, eso está sucediendo a la vez que la persona percibe que mejor no ir por ese camino. El señor mayor caído en la carretera es algo que ha sucedido. Nuestra protagonista recibe la visión antes de comprobar ella misma que eso ha tenido lugar. Pero no antes de que el accidente ocurriera. Ella percibe los hechos en la distancia con posterioridad o a tiempo real.
        De algún modo esto compatibiliza las dos percepciones de lo que es la intuición. La primera es la práctica, a partir de la experiencia que hemos tenido. La segunda la mística, a partir de información que el sujeto no ha recibido directamente a través de los sentidos. Ambas funcionarían de modo parecido, creando relaciones inesperadas entre capas de datos, solo que, mientras en la práctica estas capas de datos proceden del interior del individuo, de su experiencia, de sus recuerdos, de su creatividad, la mística se afianzaría además con niveles de datos percibidos de la conexión del subconsciente con el universo.
        Hay personas intuitivas. Yo me considero intuitivo a nivel práctico. Hay pocas cosas que me sorprendan. Pero no suelo recibir visiones, o esas sensaciones provenientes de realidades que en principio no he observado. Podría dar algún ejemplo. Pero del mismo modo que pudiera ofrecérmelo cualquier persona al azar a la que preguntara. Como el caso del callejón que he comentado. O una niña pequeña que despierta a sus padres de madrugada. Están de acampada. Dentro de la tienda no han encendido ninguna lámpara, es imposible ver nada en la oscuridad. Pero la niña no hace otra cosa que señalar los zapatos de sus padres. Cuando estos los revisan, más que nada para tranquilizarla, para que se acueste, se duerma, y se calle, descubren que un escorpión se ha metido en uno de ellos.
        Prácticamente cualquier persona sería capaz de ofrecer algún ejemplo, como una simple anécdota, de un caso de intuición mística. Hay otras que dicen tener intuiciones de continuo. Como Sara, otra buena amiga del programa. Yo no sé cómo es en su vida privada. Pero cuando está con gente, como en el grupo de amigos cenando o almorzando, es muy proclive a referir intuiciones sobre los que estamos con ella. Sobre el trabajo, la salud, el amor. Cosas como que esa persona que estás conociendo no te conviene, o hay mal rollo donde trabajas… A veces profundiza y da detalles en sus predicciones. Y es de agradecer porque cuanto más apuntala un vaticinio, te das cuenta de que yerra mucho. Describe a la persona que te hace la vida imposible y no es así, no tiene ese físico. Sin embargo, sí que suele acertar en el fondo, en la clave del asunto. No acierta en la descripción pero sí en que hay alguien que te está molestando.
        Quizás no es tanto un caso de intuiciones místicas como de prácticas. Sabe leer el lenguaje corporal, las expresiones del rostro. Es una psicóloga nata.
        Aunque ahora paso a describir la intuición que a mí mismamente me hizo. Nos acabábamos de conocer, apenas sabíamos nada el uno del otro, y me dijo: “Tú eres una persona que sueles recibir señales, pero no les haces caso”. Y al ir a concretar detalló: “Números, casualidades, coincidencias”. No me conocía de nada y sin embargo hizo referencia a una etapa de mi vida que ni mis amigos de muchos años conocen. Cuando entre mi adolescencia y mi juventud temprana me aficioné a la numerología y al estudio de las casualidades, de las sincronicidades. Tan obsesionado estaba que al final, para no perder la cordura, tuve que dejar todo eso y volverme incrédulo al respecto. Si veía ciertos números en el reloj, o si notaba casos de sincronía, no le daba importancia y me olvidaba cuanto antes. 
        Hasta donde yo sé eso no se ve en el rostro ni en el lenguaje corporal. Pero acertó plenamente. Pienso que puede ser una persona que mezcla ambos tipos de intuiciones. Por un lado es una psicóloga nata, y ademas por el otro no exenta de un cierto don de la visión. Asimismo, un tanto esclava de su propio éxito. Me refiero a que acierta en la primera intuición, y eso la anima a seguir profundizando, y al profundizar ya no emplea su intuición sino la imaginación y la suposición. Entonces, por eso yerra más.
        En cualquier caso, tanto el de Sara como el de doña Doble A, son ejemplos para seguir investigando. Aunque esto ya en futuros programas. De momento termino de definir la intuición como la predicción del futuro a partir de información ya presente, sin embargo haciendo uso de aquella en principio en los límites. Respecto a la intuición práctica metemos en la ecuación los detalles menores no especialmente relevantes o evidentes, y en el caso de la intuición mística, de revelaciones digamos que provenientes del universo. 
        Sin otro particular, y esperando que les haya sido de interés, nos despedimos por hoy. Cerramos sesión aquí en “El gato de Ugarit”. Buenas tardes, buenos días, buenas noches. Y recuerden: no son más que especulaciones. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Mariña norte

Portugaleses contra bejaranos. Badajoz al filo del abismo

Juventud