El gato de Ugarit
El templo en ruinas se yergue misterioso envuelto en la bruma. Las marcas de antiguos sistemas de escritura aparecen desgastadas y apenas visibles en las jambas del portalón de piedra. El rectángulo negro nos recibe inquietante, incitándonos a adentrarnos en sus secretos. Un gato hace aparición entre los restos. Camina tranquilo, sin alboroto. Se recuesta sobre el lomo de una columna caída. Desde allí el minino nos mira aburrido y bosteza. A fin de cuentas, no somos los primeros en arribar, ni seremos los últimos en hacerlo. La pregunta es si acaso lograremos desentrañar los enigmas detrás de estos muros. O, por lo menos, a formular las preguntas adecuadas.
Buenas tardes, buenos días, buenas noches. Bienvenidos a esta primera edición de “El gato de Ugarit”, un programa dedicado a la especulación y al misterio. Arqueología insólita, enigmas históricos, y prehistóricos, lugares mágicos, otros mundos, otras realidades. Hoy, como primera edición, vamos a dedicar la emisión a hacer una declaración de intenciones. ¿Por qué un programa dedicado al misterio? ¿Con qué perspectiva lo queremos enfocar? ¿Personalmente en qué me incumbe este tema?
Para empezar, explicar el título. ¿Por qué “El gato de Ugarit”? Lo de gato es fácilmente comprensible. Criatura enigmática, hay quien dice que reside entre este mundo y el otro. El protector del hogar, y además el habitante de los templos y de las casas en ruinas.
Más injundia tiene la mención a Ugarit. ¿Por qué Ugarit? ¿Por qué no El gato de Atlantis, o de Tarsis? Ugarit era una ciudad de Siria, desaparecida hacia el siglo XII a.C., esto es, hace 3200 años, a causa de los ataques de los pueblos del mar. Ugarit era una ciudad entre dos imperios, el egipcio y el hitita, y con el asirio al otro lado de la cordillera. En cierto modo, una ciudad libre. Se dejaba querer por los grandes poderes, y a la vez se mantenía independiente. Era el sitio en lo que todo aquello que no tenía cabida entre los dogmas marcados por los grandes reyes y faraones podía dar rienda suelta a su desenfreno. El hogar para los dioses y cultos alternativos, donde se juntaban los magos, los sabios ahítos de conocimientos arcanos, las corrientes herméticas expulsadas por las ideas oficiales. En resumen, empleamos Ugarit como símbolo de la heterodoxia, la función de pensar y cavilar por cauces singulares. No obstante, sin por ello caer en la sinrazón. Discurrir con cabeza, de acuerdo con las pruebas, que lo que elucubremos, cavilemos, posea alguna utilidad. Ugarit es conocida porque entre sus ruinas se encontraron los restos de uno de los primeros alfabetos del mundo. Por lo tanto, especulación y hermetismo, pero encaminado más hacia el esclarecimiento que al oscurecimiento.
Ahora bien, ¿esclarecimiento de qué? ¿En qué consiste esto del mundo del misterio? Si me permiten un ejemplo algo banal, podríamos hablar de la “Paradoja francesa”. Vas a los supermercados franceses y los encuentras repletos de toda suerte de quesos, embutidos y patés. Ellos mismos se vanaglorian de tener un tipo de queso para cada día del año. Y aún así, ves a los franceses, y a las francesas, y están delgados. Presentan una incidencia de enfermedades cardiovasculares bastante baja. De ahí la palabra “paradoja”. Hay estudios al respecto, que si el vino tinto, la grasa de pato, pero nada claro. Podría decirse que es un misterio.
No obstante, no creo que un programa dedicado al Misterio se digne a hablar de la Paradoja francesa. ¿Porque no llama la atención? Bueno, tiene su público. Hay personas muy aficionadas a escuchar podcast de nutrición con el fin de alimentarse mejor. Y, como en el misterio, hay mucho fantasma, mucho dato falso suelto.
Hace décadas, cuando compañías creo que norteamericanas intentaron introducir sus productos en España, como la mantequilla para cocinar, surgieron rumores, y algunos estudios, de que el aceite de oliva era malo para la salud. Se discutió mucho el asunto, y hubo quienes creyeron los dislates a pies juntillas. Hasta que llegaron los contraestudios, aquellos que se realizaron para comprobar la realidad de las aseveraciones vertidas, y demostraron que no solo el aceite de oliva no es malo, sino que se trata de una de las grasas más saludables que existen. Curiosamente, el esfuerzo por tratar de sustituir la dieta mediterránea, afianzó la dieta mediterránea.
Tampoco sería este un tema demasiado apetecible para un periodista del Misterio. Hay estudios. Está más que comprobado.
El misterio se mueve sobre especulaciones, sobre preguntas sin una respuesta clara y elucubraciones no confirmadas. Aparte que debatir sobre el aceite de oliva es un tema de diario, algo cotidiano. No es insólito. Quizás sí sería interesante por el tema de la conspiración. Alguien podría señalar que hubo un intento por parte de ciertos poderes de erradicar la dieta mediterránea, o por lo menos de situarla en tela de juicio. Y, como no se puede confirmar a ciencia cierta, daría al menos para un apartado.
De acuerdo con esta reflexión, podríamos definir el mundo del Misterio como lo resultante del binomio Especulación y lo insólito. Y, ¿qué daría de sí esta conjunción? Algo ya he adelantado. Conspiraciones, el más allá, alienígenas, la historia heterodoxa como las pirámides o la Atlántida, las casas encantadas, los psicópatas, las sectas peligrosas, las enigmáticas desapariciones, descubrimientos científicos que nos dejan perplejos y abren nuevos campos…
Los aficionados al Misterio lo pueden ser por múltiples motivos. Resumiría en cuatro razones principales. Curiosidad, como ganas de aprender, saber un poco más, y en particular de esos panoramas alternativos. El morbo, en cuanto a la búsqueda de emociones fuertes en plan miedo y terror. El entretenimiento, más allá del morbo, sencillamente divertirse y pasar el rato escuchando sobre circunstancias anómalas e inesperadas. Y la necesidad de dotar de sentido. En este último campo es donde encuentro los mayores peligros, y las razones por las que el mundo del Misterio goza de cierta mala fama. Hay demasiada fe, demasiadas personas que buscan en esos temas en principio especulativos una verdad sobre la que afianzar sus vidas. Como en aspectos como la vida tras la muerte o las apariciones sobrenaturales. Y donde el engaño puede hacer su agosto. Y, como versan en cuestiones especulativas, no demostradas, en las que muchas veces es cuestión de arrojarse, cualquier hijo de vecino puede hacer una afirmación sin fundamentos porque alguien la va a terminar creyendo. Si hay hasta quien confía en que la Tierra es plana y no hay quien los desengañe.
Por supuesto que en este mundo, como en todo, hay periodistas serios, que ponen en tela de juicio las elucubraciones, que no dan por cierto nada sin pruebas, que se remiten a los datos, a la información, a las posibilidades. En todo programa de misterio que se precie está la figura del escéptico como aquel que tiene por papel poner en duda, y mostrar pruebas en contra.
No obstante, decir que estos programas que merecen la penas son los menos. Después están los podcast que parecen que se adentran en el Misterio para reírse, hablan de temas sin saber, sin profundidad, desarrollando suposiciones sin pruebas. Incluso los escépticos, los motivos que esgrimen para descreer, son francamente pusilánimes. No creo en eso porque sí, porque no me viene bien, porque es absurdo. Cuando el escepticismo no es cuestión de no creer sino que, del mismo modo que se requieren pruebas para demostrar la certeza de algo, también se necesitan para corroborar su falsedad. Aunque sea señalar que no hay ninguna evidencia al respecto.
O, ¿qué decir del lenguaje que emplean? La recurrencia a las mismas palabras. Terror, pánico, sudores fríos, temblores, miedo, escalofríos. Ha ocurrido lo imposible, algo que no es de este mundo. Con voces tenebrosas, con música inquietante para dar ambiente.
Como un cuento de misterio que alguien relata. Con una voz suave y profunda que lee alguno de los relatos de Edgard Allan Poe. Solo que si sabemos que con Allan Poe no es real, fueron productos de su imaginación, con los programas de Misterio cabe la duda razonable porque en teoría se basan en testimonios.
Mas la pregunta es: en cuanto al gato de Ugarit, ¿cómo pretendemos enfocar el panorama del misterio?
En primer lugar, no soy persona que le guste pasar miedo. No sé contar historias de terror ni tampoco me interesa.
Por contra, me gustaría pensar que el propósito es más bien instructivo, incluso pedagógico. No solo un programa de misterio, sino un espacio para reflexionar, aprender y entender desde una perspectiva crítica. En definitiva, no únicamente entretener, sino también cuestionar y ofrecer herramientas para interpretar los fenómenos que abordamos, ya sean enigmas arqueológicos o teorías más esotéricas. Por lo tanto, se exponen los casos desde el razonamiento, señalando qué son hipótesis y cuanto hay de creíble en todo eso, así como haciendo referencias a las fuentes de las que mana una información. Aunque sin olvidar que ante todo nos movemos entre especulaciones. Por eso es enigmático, por esta razón empleamos palabras como misterio o enigma, porque no hay una certeza clara.
Como dijo el filósofo: “Sólo sé que no sé nada”. Y este frase me la aplico. No me considero un experto ni mucho menos, más bien un iniciado. Iré instruyéndome e ilustrándome a la par que vaya desarrollando programas.
De hecho, aún no entiendo muy bien cómo he emergido en esto del Misterio. Cómo ha acontecido. Hace años no me hubiera atrevido. No se me habría pasado por la cabeza. Hace tiempo, una persona muy cercana, al saber que había participado en la radio de manera amateur, me propuso hacer un podcast. Cuando pregunté de qué tema quería hacerlo me respondió que de Misterio. Me extrañé porque no la veía como alguien con esas afinidades, y nunca habíamos hablado de estos temas. Cuando le pregunté que por qué de misterio me confesó que había tenido experiencias. No es la única ni la primera. Otras personas, también muy cercanas, me han contado sus testimonios. Y, finalmente, quizás es por ellas por las que he optado por dar el paso.
No me considero alguien especialmente creyente. Sí que no juzgó al escuchar. Por eso quizás decidieron relatarme esas experiencias, porque no las miré por encima del hombro. Vuelvo a repetir que no por eso creo. He encarnado en algunas ocasiones la posición del escéptico del grupo. La persona que se remite a la física, a las pruebas, a la razón. Sin embargo, recalco que me sucede que amistades de mi absoluta confianza han tenido experiencias que yo no puedo imitar, las han compartido conmigo, y puedo poner la mano en el fuego que no me están mintiendo. Han evidenciado eso. Esa es su verdad. Otra cosa es que la explicación sea lo que a ellos les gustaría creer.
Por otra parte, otra razón para sumergirme en estos panoramas es que me gusta la lectura, en particular la ciencia ficción. Hay una frase del gran escritor Arthur C. Clarke, el autor de la novela “2001” en la que se basó Stanley Kubrick, que indica que “la tecnología, si es lo suficientemente avanzada, es indistinguible de la magia”. Eso me lleva a pensar que a lo mejor algunos fenómenos que no comprendemos quizás sean debidos a leyes aún no descubiertas. Aparte, me considero un defensor del tipo de razonamiento llamado como de “reducción al absurdo”, consistente en que cuando tratas de demostrar algo, y resulta que las hipótesis fallan, te lleva al absurdo de considerar que es lo contrario lo que es cierto. Esto sobre todo me ocurre con la arqueología, cuando trato de ponerme en el lugar de las antiguas civilizaciones y dilucidar cómo pudieron construir ciertos monumentos, y llegar a la conclusión de que no sé nada, de que es el misterio lo que nos envuelve.
En resumen, ¿qué pueden esperar de “El gato de Ugarit”? Un programa hecho por mor de la curiosidad y sin pretensiones, por la voluntad de indagar y aprender, y de desafiar las ideas preconcebidas. Arqueología insólita, enigmas históricos, y prehistóricos, lugares mágicos, otros mundos, otras realidades.
Con esto cerramos sesión, esperando que les haya resultado de interés. Buenas tardes, buenos días, buenas noches. Y recuerden: no son más que especulaciones.
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