El enigma de Ispal
Ispal fue el nombre fenicio de Sevilla allá por el siglo VIII a.C. De ahí derivó a la Híspalis romana, a la Isbiliya musulmana y, finalmente, al apelativo de la Sevilla contemporánea. Sin embargo, el origen de los topónimos, es decir, de los nombres de lugares, sobre todo cuando son tan antiguos, es algo a poner en duda. Por ejemplo, España vendría del fenicio Isephanim, transformado por los romanos en Hispania y traducido como “tierra de conejos”. Pero esta es una cuestión que algunos lingüistas rebaten señalando que bien podría significar otra cosa, como “tierra de batir metales”, o incluso que proviniera de algún nombre local, de algún topónimo que los nativos hubieran puesto a sus entidades geográficas. Del mismo modo, podríamos conjeturar que Ispal no fuera el nombre que los fenicios le pusieron a Sevilla, voz que significaría “tierra llana”, sino que provenga de una realidad anterior que estos asimilaron. Incluso, poniéndonos a especular, mucho más antigua, relevante,...